A lo largo de la historia el hombre ha empleado como alimento prácticamente cualquier clase de animal que estuviera a su alcance. En los principios de la civilización, la principal fuente de proteínas animales estaba en la caza y en la pesca, circunstancia que cambió de forma muy importante cuando se consiguió la domesticación de las especies más útiles para ser empleadas con fines alimenticios. En este siglo se han logrado avances espectaculares en la obtención de carnes para el consumo humano, referidos tanto a los sistemas de reproducción y engorde de los animales como al perfeccionamiento de razas de alto valor nutritivo.
